viernes, 25 de octubre de 2013

El oscuro negocio del 'fracking'



El oscuro negocio del 'fracking'


HOY se celebra en todo el mundo el Global Frackdown, o lo que es lo mismo, el Día Mundial contra la Fractura Hidráulica.
No vamos a insistir más en las consecuencias para la salud humana y el medio ambiente de dicha tecnología: contaminación de los acuíferos, riesgos sísmicos, contaminación del aire con las fugas de gas metano, cuyos efectos en el calentamiento global del planeta son 80 veces más potentes que los del CO2.
La ciudadanía navarra los conoce sobradamente. Tanto es así que la mayoría de sus representantes políticos acaban de aprobar una ley para la prohibición del uso de esta técnica de extracción en el territorio de la Comunidad Foral.
Ley para la que los corifeos del Gobierno central ya han anunciado su intención de presentar un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional, algo que a esta plataforma no le sorprende en absoluto, habida cuenta de los importantes intereses económicos que se esconden detrás de este oscuro negocio.
Y recalcamos lo de oscuro, porque si alguien cree que detrás de la extracción de los hidrocarburos contenidos en yacimientos no convencionales existe la intención de obtener beneficios tanto para los industriales del sector (por los beneficios obtenidos de la venta de los hidrocarburos, una vez deducidos los costes de investigación y extracción), como para la sociedad (por el ahorro y autonomía energética que dichos hidrocarburos puedan suponer para la colectividad) está en un craso error.
La experiencia de esta industria en EEUU demuestra que los costes de investigación, perforación y explotación de estos yacimientos son superiores a los ingresos derivados de la venta de los hidrocarburos extraídos, es decir, dicha actividad genera pérdidas.
El 'fracking' aumenta de forma fraudulenta las reservas de las compañías petrolíferas y gasísticas
Y su contribución a la solución del problema energético al que se enfrenta la humanidad (o al menos el actual modelo de producción capitalista globalizado) es insignificante, si no es negativa:
- El agotamiento de los pozos de extracción de los yacimientos no convencionales es ultra rápido (apenas siete años de vida).
- Su rentabilidad energética es escasa (para extraer 3 metros cúbicos de gas hace falta, en promedio, emplear la energía equivalente a 1 metro cúbico; comparemos esas cifras con las 20 unidades energéticas generadas por los sistemas eólicos por cada unidad energética empleada en su consecución).
- Y en el caso navarro, la energía neta que se podría obtener de las hipotéticas reservas navarras del gas contenido en esos yacimientos no convencionales apenas sí representa 2 días del consumo mundial de gas o 174 días del consumo del Estado español de gas (¡y el gas tan solo cubre el 23,2% del consumo mundial de energía primaria!).
¿Cuál es entonces ese oscuro interés que subyace detrás del fracking, aparte del beneficio de las empresas suministradoras de la tecnología y de los equipos?
No tiene otra finalidad que aumentar de forma fraudulenta las reservas de las compañías petrolíferas y gasísticas, contabilizando el valor hipotético de los hidrocarburos contenidos en esos yacimientos no convencionales, ignorando sus costes reales de extracción e inflando artificialmente de esta forma los activos de sus balances y, por consiguiente, aumentando el valor en bolsa de sus acciones: ¡pingües ganancias para los actuales gestores y accionistas de hoy que se tornarán en importantes pérdidas para los accionistas futuros, que seguramente acabaremos pagando entre todos, aunque no hayamos tenido nada que ver!
Un procedimiento exactamente igual al utilizado por los ingenieros financieros neoliberales con las subprime, que provocó, al menos aparentemente, la crisis mundial de 2008, de la que aún sufrimos las consecuencias (¿y por cuánto tiempo?).
La estafa del fracking está servida. ¡Echémosla de nuestra mesa! ¡No al fracking!

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